• La TPRA de Sudán ha prohibido todas las llamadas de voz y video de WhatsApp a nivel nacional a partir del 25 de julio, citando amenazas a la seguridad nacional.
• Activistas y expertos advierten que la prohibición vulnera las libertades digitales e interrumpe la comunicación crítica para los sudaneses en medio del conflicto.
Qué pasó: Sudán bloquea las llamadas de WhatsApp
La Autoridad Reguladora de Telecomunicaciones y Correos de Sudán (TPRA) anunció el 20 de julio que bloquearía todas las llamadas de voz y video de WhatsApp a partir del 25 de julio, calificándolo de “medida de precaución” para proteger la seguridad y estabilidad nacionales. Dabanga Sudan confirmó que los mensajes de texto y los chats grupales permanecerán activos bajo la orden.
La medida provocó críticas inmediatas. “Esto no es por seguridad. Es para silenciar a la gente”, declaró un activista a medios locales bajo condición de anonimato. El investigador de derechos digitales Ammar Hamouda afirmó que la prohibición “tiene menos que ver con la seguridad y más con el control”, añadiendo que también entran en juego intereses comerciales junto a argumentos de seguridad. El grupo de derechosAccess Nowcalificó la medida de “un golpe a los sudaneses de a pie”, advirtiendo que dejaría a la gente incomunicada en un momento en que las líneas de comunicación ya están desgastadas.
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Por qué es importante
En Darfur y Kordofán del Sur, donde las torres de telefonía están en ruinas y pueblos enteros dependen de un solo generador para alimentar unos pocos routers que funcionan, las llamadas de WhatsApp han sido más que una comodidad: han sido el último hilo que mantiene unidas a las familias. Los padres en Jartum las utilizaban para comprobar si los hijos desplazados al oeste seguían vivos. Los voluntarios de ayuda humanitaria utilizaban las llamadas de voz para coordinar entregas de alimentos donde no llegaba ninguna otra red.
Cortar ese canal no solo silencia una aplicación; rompe una de las pocas líneas de contacto que quedan en una guerra que ya ha cortado tantas.
La medida también muestra cómo el campo de batalla ya no está solo en tierra. Al atacar una sola característica de una sola aplicación, el gobierno está probando hasta dónde puede controlar el flujo de la palabra sin cortar por completo internet. Algunos operadores locales pueden experimentar un aumento a corto plazo de los ingresos por llamadas internacionales de pago, pero el costo es más profundo: cada bloqueo va erosionando la poca confianza que queda entre los ciudadanos y el Estado.
En un país donde la infraestructura ya pende de un hilo, bloquear uno de los últimos servicios asequibles y que funcionan deja claro una dura realidad: para los civiles sudaneses, la comunicación misma se ha convertido en una víctima de la guerra.

