- El enfoque emergente de gobernanza de CAIGA carece de mecanismos de aplicación, lo que genera preocupación de que pueda añadir complejidad sin proporcionar rendición de cuentas.
- Los críticos advierten que Smart Africa e ICANN están promoviendo marcos de gobernanza que suenan ambiciosos pero permanecen desconectados de las realidades operativas y legales.
Lenguaje ambicioso, fundamentos institucionales débiles
La inteligencia artificial se ha convertido en una preocupación política central en toda África, desde la prestación de servicios públicos hasta la vigilancia y la protección de datos. En este contexto, la Arquitectura de Gobernanza de Internet Continental Africana (CAIGA) ha comenzado a referirse a la gobernanza como parte de su agenda de coordinación continental más amplia. Sin embargo, los críticos argumentan que las ambiciones de CAIGA van por delante de su capacidad institucional.
En la actualidad, CAIGA no posee autoridad regulatoria, poderes de aplicación ni estructuras claras de rendición de cuentas. En cambio, depende del respaldo político y la coordinación de alto nivel, dejando preguntas sin responder sobre cómo se implementarían, monitorearían o aplicarían las políticas en diversas jurisdicciones nacionales. Sin mecanismos vinculantes, CAIGA corre el riesgo de producir declaraciones de políticas que tienen simbolismo político pero poco efecto práctico.
Lea también:CAIGA e ICANN generan nuevos temores sobre el futuro de IPv4 e IPv6 en África
Coordinación política sin control operativo
La gobernanza de Internet requiere más que alineación estratégica. Depende de la experiencia técnica, la claridad regulatoria, la supervisión judicial y la independencia institucional. Los críticos señalan que el modelo de gobernanza de CAIGA prioriza la coordinación política sobre estos elementos esenciales, colocando a los gobiernos en el centro y relegando a las comunidades técnicas y los reguladores que serían responsables de la aplicación.
Esto crea una brecha estructural: CAIGA puede proponer marcos, pero carece de las herramientas para garantizar el cumplimiento. En la práctica, la aplicación seguiría recayendo en las autoridades nacionales, muchas de las cuales ya luchan con limitaciones de capacidad. En lugar de fortalecer estas instituciones, CAIGA corre el riesgo de añadir burocracia adicional sobre sistemas frágiles.
Algunos observadores advierten que esta dinámica refleja el propio declive deAFRINIC, donde las estructuras de gobernanza existían sobre el papel pero fracasaron en la ejecución.
Lea también:¿Mejorará realmente CAIGA la cooperación transfronteriza en Internet?
La participación de ICANN complica la credibilidad
La participación financiera e institucional deICANNen el plan de gobernanza de Smart Africa ha minado aún más la confianza. Aunque ICANN defiende públicamente la gobernanza ascendente y liderada por la comunidad, su asociación con CAIGA otorga legitimidad a un modelo impulsado políticamente que carece de salvaguardias aplicables.
Como señala el Internet Governance Project, esto crea un precedente preocupante sobre cómo se aplican los principios de gobernanza global en África. La gobernanza de Internet exige claridad, rendición de cuentas y confianza. Hasta que CAIGA demuestre cómo se aplicarían sus iniciativas de Internet —y quién lo haría—, sus esfuerzos corren el riesgo de convertirse en otra capa de retórica en un momento en que la gobernanza de Internet en África necesita urgentemente una reforma creíble y aplicable.

