Resumen

  • Chevron presenta los 600.000 barriles diarios como objetivo de un plan de empresas mixtas. No los identifica como producción neta atribuible al grupo, que posee 39,2% de Petroboscán, 30% de Petropiar y 49% de Petroindependencia.
  • Los más de US$7.000 millones y el costo inferior a US$20 por barril carecen de una asignación y definición públicas suficientes para calcular el desembolso o el margen de Chevron. La compañía solo reconoce ingresos venezolanos cuando recibe efectivo y excluye producción y reservas de sus resultados.

La frase que fija el perímetro

En su anuncio del 2 de septiembre, Chevron dice que las nuevas condiciones fiscales, comerciales y legales respaldan planes de las empresas mixtas para invertir más de US$7.000 millones durante cinco años. El objetivo es más que duplicar la producción hasta unos 600.000 barriles diarios frente a 2026. También afirma que los costos totales son inferiores a US$20 por barril.

No es una cuestión semántica menor. El sujeto de la oración son los planes de las empresas mixtas. El comunicado no ofrece una tabla de producción neta de Chevron, ni divide la meta por activo. Más adelante informa que sus tres empresas mixtas aumentaron en conjunto la producción un 15% en lo que va del año. Una lámina previa para inversionistas aclara que el crecimiento de unos 200.000 barriles diarios desde 2022 corresponde a la variación de producción bruta entre las JV.

Esa nota ayuda a interpretar el perímetro operativo, aunque el texto de septiembre no llama expresamente “bruta” a la cifra de 600.000. La formulación exacta es suficiente: es una meta productiva de las empresas mixtas, no una producción neta divulgada para Chevron.

Un porcentaje no sirve para las tres

La página de operaciones de Chevron en Venezuela muestra tres intereses distintos. En Petroboscán posee 39,2%; en Petropiar, 30%; en Petroindependencia, 49%. La primera opera el campo Boscán en el oeste; las otras dos trabajan crudo extrapesado en la Faja del Orinoco, con Petropiar integrada a una planta de mejoramiento.

Multiplicar 600.000 por 49% aplicaría la participación de Petroindependencia a todo el conjunto. Multiplicar por 30% o por 39,2% cometería el mismo error. Para construir una cifra ponderada harían falta la producción y el derecho económico de cada JV, las pérdidas del proceso, los barriles de levantamiento, las regalías y el reparto de cargamentos.

Pero ni siquiera ese cálculo equivaldría a la contabilidad de Chevron. Su Form 10-Q del segundo trimestre dice que los activos venezolanos son operados por afiliadas independientes. Desde 2020 los resultados se registran como inversiones no contabilizadas por el método de participación: solo se reconoce ingreso cuando llega el efectivo, y ni producción ni reservas se incluyen en los resultados corporativos.

La medición correcta tiene cuatro estaciones: producción de la JV, derecho económico, crudo levantado y efectivo recibido.

El canje de abril cambió lo que Chevron posee

La ampliación no parte de una hoja en blanco. En abril, Chevron y PDVSA acordaron un canje. La petrolera estadounidense recibió 13,21 puntos adicionales de Petroindependencia y llegó a 49%. Petropiar, con 30% de Chevron, obtuvo derechos para desarrollar Ayacucho 8, colindante con su área.

Venezuela recibió los intereses operados de 60% y 100% de filiales de Chevron en los bloques gasíferos marinos Plataforma Deltana 2 y 3, más el 25,2% no operado en Petroindependiente. Chevron concentró su cartera en crudo pesado del Orinoco y cedió otras opciones de petróleo y gas.

Los nuevos derechos sobre Carabobo 1 y Carabobo-2-South-A profundizan esa concentración. La cercanía puede abaratar conexiones y desarrollo, pero una extensión de superficie no es una reserva reconocida ni un barril producido. Los documentos no publican pozos, cronograma, factor de recuperación, necesidades de mejoramiento o fecha de entrada.

El plan de capital aún no tiene reparto

Los más de US$7.000 millones pertenecen al programa de las empresas mixtas. No hay desglose entre las tres, ni calendario anual, ni obligación específica de Chevron. Por eso no se puede tomar el 49% de ese monto como desembolso del grupo.

Las JV pueden financiarse con aportes de socios, caja propia, deuda, pagos en especie o mecanismos de recuperación. Chevron ha descrito antes un modelo financiado por las empresas mixtas para recuperar deuda pendiente. El nuevo anuncio no dice qué parte seguirá ese método, qué aprobaciones faltan ni qué suma es vinculante.

Tampoco define el costo inferior a US$20. No sabemos si incluye diluyente, mejoramiento, transporte, regalías, impuestos, capital de mantenimiento, financiamiento o recuperación de obligaciones anteriores. Usarlo como punto de equilibrio integral y restarlo del precio del petróleo produciría un margen ficticio.

La autorización tiene capas

El Estado venezolano determina el acceso al recurso, la ley de hidrocarburos y las condiciones fiscales de empresas donde la contraparte pública conserva la mayoría. La cancillería informa que el acuerdo permite a Chevron Carabobo Holdings acceder a reservas en Petroindependencia y adapta Petroboscán, Petropiar y Petroindependencia a la nueva Ley de Hidrocarburos. Su reseña oficial no incluye los contratos firmados ni sus fórmulas de pago.

Estados Unidos opera otra capa. La Licencia General 50C de OFAC incluye a Chevron en su anexo y autoriza determinadas operaciones de petróleo y gas. A la vez exige sedes específicas para resolver disputas, reglas para ciertos pagos, exclusiones de contrapartes y buques, y reportes después de la primera operación y cada 90 días.

La GL 46D cubre actividades concretas con petróleo de origen venezolano; la 47B, diluyentes de origen estadounidense; la 48C, ciertos bienes y servicios; y la 52B, determinadas transacciones con PDVSA. Cada una abre un tramo bajo condiciones propias.

Una licencia no garantiza producción, financiación, disponibilidad de un buque, permanencia de la política ni distribución de caja. Solo elimina prohibiciones concretas para operaciones que cumplan sus requisitos.

El efectivo cierra el circuito

La regla contable de Chevron convierte el cobro en la prueba decisiva. La JV puede producir más sin elevar la producción reportada por Chevron. Puede vender o entregar cargamentos cuyo valor primero cubra obligaciones, fiscalidad o recuperación. Incluso un proyecto con buen desempeño físico puede tardar en generar ingreso reconocido.

El 10-Q dice que los levantamientos se reanudaron en 2023 y que, bajo las autorizaciones actuales, Chevron espera seguir enviando crudo a Estados Unidos y al mercado internacional. También advierte que la evolución geopolítica puede afectar operaciones y resultados.

La evidencia que falta es una conciliación: producción por empresa, barriles levantados, precio y deducciones, distribución y efectivo recibido por Chevron. Hasta que aparezca, el anuncio amplía una opción industrial. No entrega todavía una serie de ganancias atribuibles.

El balance más sobrio no reduce la importancia del plan. Simplemente coloca cada número donde corresponde: el volumen en las JV; las participaciones en sus contratos; las autorizaciones en dos jurisdicciones; el ingreso en la caja de Chevron.

Fuentes