Resumen
- La venta de las operaciones inalámbricas de United States Cellular Corporation a T-Mobile US cerró el 1 de agosto de 2025. La compañía pasó a llamarse Array Digital Infrastructure, Inc. y la contraprestación total recibida ese día fue de 4.300 millones de dólares tras ajustes: 2.600 millones en efectivo y unos 1.700 millones en deuda asumida por el comprador mediante una oferta de canje. Las cifras quedaron sujetas a un ajuste final unos 180 días después del cierre.
- La conversión en efectivo ya no es una promesa. El consejo declaró un dividendo especial de 23,00 dólares por acción el día del cierre, pagado el 19 de agosto de 2025; la venta de espectro a AT&T cerró el 13 de enero de 2026 por 1.018 millones en efectivo, sin parte diferida, y el mismo día el consejo declaró un dividendo especial de 10,25 dólares por acción, pagado el 2 de febrero de 2026.
- Sigue pendiente la venta del espectro comprometido con Verizon —1.000 millones contratados en octubre de 2024, sin fecha de cierre establecida—, el ajuste final del precio de T-Mobile y ventas adicionales de espectro por unos 178 millones.
- Lo que aún no está probado es la renta. Un mínimo de 2.015 torres retenidas queda cubierto por un acuerdo maestro de 15 años con T-Mobile, pero unos 1.800 arrendamientos intermedios duran 30 meses y son cancelables torre por torre. Telephone and Data Systems poseía el 82,0% del capital al 30 de septiembre de 2025.
El cierre que jubiló a una operadora
El acuerdo se firmó el 24 de mayo de 2024: Telephone and Data Systems y United States Cellular venderían las operaciones inalámbricas y parte del espectro de la segunda a T-Mobile US por 4.400 millones de dólares pagaderos en efectivo y la asunción de hasta unos 2.000 millones de deuda, sujeto a ajustes (acuerdo original presentado ante la SEC). El cierre llegó el 1 de agosto de 2025 y con él la contraprestación total recibida fue de 4.300 millones de dólares después de ajustes, compuesta por 2.600 millones en efectivo y aproximadamente 1.700 millones en deuda asumida por T-Mobile a través de una oferta de canje dirigida a los tenedores de deuda de UScellular, cuya liquidación se esperaba para el 5 de agosto de 2025 (comunicado de cierre). La compañía abandonó su nombre histórico y pasó a llamarse Array Digital Infrastructure, Inc.; su ficha en el directorio conserva el nombre anterior (United States Cellular Corporation). Ninguna de esas cifras era definitiva: el propio comunicado advertía de un ajuste final unos 180 días después del cierre.
Conviene precisar el mecanismo, porque la cifra de 4.300 millones puede leerse mal. Solo 2.600 millones fueron efectivo a disposición de la compañía: los aproximadamente 1.700 millones restantes son deuda que T-Mobile asumió mediante el canje con los tenedores de bonos de UScellular, es decir, pasivos que dejan de pesar sobre el balance de Array más que dinero que entra en su caja. Para el comprador, la operación integraba clientes, tiendas y espectro en su red nacional.
Para el vendedor, la lógica era distinta y más contable: quedarse con los activos que pueden alquilarse —torres y espectro— y convertir el resto en efectivo y en una deuda menor. La pregunta que este artículo examina es cuánto de esa conversión ya ocurrió, cuánto depende de cierres pendientes y qué parte del valor restante es renta duradera.
Qué se vendió y qué quedó
Array retuvo aproximadamente 4.400 torres propias, participaciones de inversión no controladas y licencias de espectro en varias bandas; su negocio de torres figura como el quinto mayor de Estados Unidos, según el comunicado de cierre. También retuvo el espectro que T-Mobile no compró y firmó acuerdos con Verizon, AT&T y otros dos operadores móviles para vender parte de esas licencias, sujetos a aprobación regulatoria y a las condiciones habituales de cierre (presentación pro forma).
Esa presentación pro forma precisa los dos contratos principales. Verizon firmó el 17 de octubre de 2024 un acuerdo sobre licencias AWS, celulares y PCS por 1.000 millones de dólares. AT&T firmó el 6 de noviembre de 2024 un acuerdo sobre licencias de 3,45 GHz y 700 MHz por 1.018 millones, sujeto a ajustes de precio y a aprobación regulatoria.
El documento añade dos detalles relevantes: 400 millones del precio de T-Mobile correspondían a licencias de King Street Wireless y Advantage Spectrum, condicionadas a la compra de las participaciones de Entidades Designadas —operaciones que se completaron antes del cierre—, y en el cierre se firmó un acuerdo de gestión de espectro a 12 meses con unos ingresos incrementales pro forma de 150 millones de dólares para el ejercicio 2024.
En otras palabras: lo que quedó no es una operadora reducida, sino un patrimonio con tres fuentes de ingreso —alquiler de torres, arrendamiento de espectro y rendimientos de inversiones no consolidadas— y una cartera de licencias que se vende por tramos.
La secuencia en efectivo: dos dividendos y una venta cerrada
El primer movimiento fue inmediato. El 1 de agosto de 2025, el mismo día del cierre, el consejo declaró un dividendo especial de 23,00 dólares por acción común y Serie A, con fecha de registro el 11 de agosto y pago el 19 de agosto de 2025; la compañía no había pagado dividendos ordinarios en periodos recientes (informe trimestral). Como el dividendo superaba el 25% del precio de la acción, la Bolsa de Nueva York determinó que los títulos cotizaran con “due bills” hasta la fecha de pago, con fecha ex-dividendo el 20 de agosto de 2025 (anuncio de TDS).
El coste de ese reparto aparece en el estado de flujos de caja: en los nueve meses hasta el 30 de septiembre de 2025, las actividades de financiación de operaciones continuadas consumieron 2.662,2 millones de dólares, principalmente 1.986,7 millones en dividendos pagados a los accionistas de Array y 875,3 millones en amortización de deuda a largo plazo, compensados en parte por 325,0 millones dispuestos bajo un préstamo CoBank.
El propio informe señalaba que Array esperaba que las ventas pendientes de espectro a AT&T y Verizon entregaran ingresos sustanciales y que el consejo declarara dividendos especiales al cierre, y que podría declarar dividendos ordinarios después.
El segundo tramo se materializó con el espectro. El 13 de enero de 2026 Array cerró la venta de licencias a New Cingular Wireless PCS, LLC (AT&T): el precio recibido fue de 1.018 millones de dólares en efectivo, sin ninguna parte diferida, de los cuales 232 millones se asignaron a licencias de 700 MHz de Entidades Designadas en las que Array posee ahora el 100% del capital (comunicación de resultados materiales). Ese mismo día el consejo declaró un dividendo especial de 10,25 dólares por acción común y Serie A, con registro el 23 de enero y pago el 2 de febrero de 2026 (comunicado de la compañía).
La secuencia importa porque fija un patrón verificable: cerrar una venta de activo, declarar un dividendo especial con el efectivo recibido y repetir. Con AT&T, el patrón se cumplió por segunda vez y con el importe algo mayor de los dos contratos anunciados. Con Verizon, está contratado pero no ejecutado.
La renta retenida y la opción de cancelación
El activo que sostiene a la compañía ya no es una red móvil, sino un contrato de alquiler. En virtud del acuerdo maestro, T-Mobile es inquilino a largo plazo de un mínimo de 2.015 torres adicionales de Array durante 15 años y prolonga el plazo de arrendamiento de aproximadamente 600 torres donde ya era inquilino, según el comunicado de cierre. A eso se añaden unos 1.800 arrendamientos intermedios sobre torres propias, con una duración de 30 meses y cancelables torre por torre por T-Mobile; en el tercer trimestre de 2025, que recoge dos meses desde el inicio del acuerdo maestro, esos arrendamientos intermedios generaron 5,4 millones de dólares (resumen del informe trimestral de TDS).
La asimetría contractual es el punto central para cualquiera que evalúe la renta: T-Mobile aseguró 15 años en un mínimo de 2.015 torres y, al mismo tiempo, se reservó la opción de salir torre por torre de unas 1.800 más tras 30 meses. Eso convierte al arrendatario en quien decide, en la práctica, el perímetro estable del negocio. La dirección ha presentado estas decisiones como movimientos estratégicos en la operación de torres ante inversores del sector (transcripción de conferencia); la prueba de si el movimiento fue acertado no llegará hasta el vencimiento de los arrendamientos intermedios, a comienzos de 2028.
Resultados: una base más pequeña, más apalancada al alquiler
En el tercer trimestre de 2025, ya sin las operaciones vendidas, Array reportó ingresos totales de operaciones continuadas de 47,1 millones de dólares frente a 25,7 millones un año antes; un beneficio neto atribuible de 108,8 millones, o 1,25 dólares por acción diluida; y unos ingresos por alquiler de emplazamientos de 45,838 millones frente a 25,669 millones. El inicio del acuerdo maestro con T-Mobile el 1 de agosto de 2025 contribuyó a un aumento del 68% de los ingresos por alquiler excluyendo la amortización no monetaria; la compañía informó además de ventas adicionales de espectro por unos 178 millones esperados y del nombramiento de Anthony Carlson como presidente y consejero delegado con efecto desde el 16 de noviembre de 2025 (resultados del tercer trimestre).
El ejercicio completo confirma el cambio de escala y de composición. Los ingresos de operaciones continuadas fueron de 163,0 millones en 2025 frente a 102,9 millones en 2024; el beneficio neto atribuible alcanzó 169,7 millones (1,94 dólares por acción diluida) frente a una pérdida de 85,9 millones en 2024. Los gastos por intereses subieron a 28,222 millones desde 12,405 millones, mientras la participación en resultados de entidades no consolidadas aportó 173,754 millones y los ingresos por intereses y dividendos, 18,917 millones. La deuda a largo plazo neta bajó a 670,258 millones al 31 de diciembre de 2025 desde 1.201,725 millones un año antes, con solo 4,063 millones como porción corriente (resultados del cuarto trimestre y del ejercicio).
Dos matices evitan una lectura triunfal. Primero, buena parte del beneficio neto de 2025 no proviene del alquiler, sino de la propia operación de venta y de los resultados de participaciones no consolidadas. Segundo, los ingresos por alquiler siguen siendo pequeños en términos absolutos —45,838 millones en un trimestre dentro de 47,1 millones de ingresos totales— lo que confirma que la compañía es hoy, esencialmente, un negocio de arrendamiento: el valor depende más del destino de su balance que del crecimiento de su facturación.
Deuda, recompras y control
El canje de deuda cerró el 5 de agosto de 2025 con 1.680,1 millones de deuda a largo plazo intercambiados; después de la operación, Array retuvo 363,9 millones en notas sénior. La compañía dispuso 325,0 millones bajo un préstamo CoBank con vencimiento en junio de 2030 a un tipo de SOFR más 2,50% y amortizó 713,3 millones de préstamos no garantizados en agosto de 2025, en paralelo a los 781,3 millones que TDS amortizó de su propia deuda; al 30 de septiembre de 2025, TDS poseía el 82,0% del capital de Array, según el resumen del informe trimestral de TDS ya citado.
En 2025 la compañía recompró 328.835 acciones comunes por 20,9 millones de dólares, a un coste medio de 63,49 dólares por acción; al 31 de diciembre de 2025, la autorización acumulada pendiente era de 658.107 acciones, sin fecha de expiración. A la misma fecha, la mayoría de las acciones comunes en circulación y la totalidad de las Serie A estaban en manos de TDS (nota sobre el capital social del informe anual). La recompra es, en esta escala, un gesto menor frente a los dividendos especiales; el dato relevante es la combinación de caja controlada y flotante reducido.
Lo que falta por ejecutar
La venta a Verizon sigue siendo el tramo pendiente del programa. La compañía espera que entregue ingresos sustanciales y que el consejo declare un dividendo especial al cierre, sujeto a la aprobación regulatoria y a las condiciones habituales (informe anual 2025). No hay fecha de cierre establecida en las fuentes consultadas y el importe de 1.000 millones es una cifra contractual sujeta a ajustes.
A ello se suman dos incógnitas menores pero reales: el ajuste final del precio de la operación con T-Mobile, que el comunicado de cierre situaba unos 180 días después del 1 de agosto de 2025 y cuya cifra liquidada no aparece en el registro consultado, y las ventas adicionales de espectro por unos 178 millones, de las que no se detalla calendario ni destino del efectivo.
Límites de la evidencia
Este artículo se apoya en documentos públicos de la compañía y su matriz: comunicados de cierre y de resultados, presentaciones ante la SEC, informes trimestrales y anuales, y el índice de presentaciones de Array en el sistema EDGAR (índice de presentaciones). Algunas cifras —el canje de deuda, la duración y el importe de los arrendamientos intermedios, el préstamo CoBank y la participación de TDS— provienen de un resumen de terceros del informe trimestral de TDS y no de la lectura directa del texto completo del documento, por lo que el artículo las atribuye expresamente a esa fuente. La fecha de cierre de la venta a Verizon no está establecida; el resultado del ajuste de precio de T-Mobile tampoco está cuantificado en el material consultado. Ninguna de las dos ausencias cambia la dirección del relato, pero ambas impiden fijar una cifra final de conversión.
La consecuencia delimitada es simple: Array ya demostró que puede convertir activos en efectivo y repartirlos; lo que todavía no ha demostrado es que la renta que queda sea duradera. La próxima condición observable —el cierre de la venta a Verizon y el dividendo asociado— indicará si el programa sigue su curso.
La prueba de fondo, en cambio, no llegará con una firma, sino con el vencimiento de los arrendamientos intermedios: si a comienzos de 2028 esas 1.800 torres siguen generando alquiler, la historia será la de una operadora reconvertida en arrendadora; si T-Mobile devuelve emplazamientos y el ingreso por torre cae, la conversión en efectivo habrá sido, en realidad, una liquidación ordenada con buena presentación.
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